Un prólogo para Natalia

Un prólogo para Natalia, esa es la encomienda. Unos cuantos párrafos sobre su exquisito trabajo poético, una introducción que algunos leerán y otros se saltarán, como los avances en el cine. En tiempos que parecen exigir llegar al punto cuanto antes, el prólogo se ha convertido en una especie de resistencia contra la prisa, contra la urgencia. Casi como la poesía misma.

Y ya que hablamos de resistencia, Un beso es un mango con lengua se me antoja precisamente eso: resistencia. La poesía de Natalia se resiste al cinismo, al rebuscamiento, a la época atropellada y desfachatada en la que ha nacido. Su resistencia descansa en el amor que su autora siente por las palabras; en el reposo y el cuidado de la idea; en la búsqueda de una sencillez más poderosa que cualquier artilugio; en la nostalgia y la bonhomía de ese mundo de mangos, dulces, caña, niñez, amor, cercanía, desamor y distancia que Natalia cultiva y protege como un huerto en alguna llanura de Sevilla.

Natalia se celebra a sí misma al mejor estilo de Whitman, con sus bondades y sus carencias, con sus aciertos y sus imperfecciones. Un beso es un mango con lengua jamás pretende ser nada más que poesía en estado puro. No porque no aspire a más, sino porque no lo necesita. Es más que suficiente, es sensible y jubiloso, como Natalia.

COSAS DE NIÑOS de Natalia Peralta Rincón
A mi prima y compañera poeta isabel

Leen poesía los niños.
Leen la suya,
la que necesitan,
la que habla de ellos
con las palabras que ellos conocen.

Leen poesía los niños.
Leen la suya,
esa que pronto,
antes de lo que piensan,
esa que pronto,
aunque sea suya,
esa que pronto,
aunque hable de ellos,
esa que pronto,
con las palabras que ellos conocen,
esa que pronto,
y, aunque la necesiten más que nunca,

dejarán de escribir.

Miguel Yarull